Quiénes Somos

Nuestro carisma

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Como Catalina McAuley podría haber sido protegida y aislada de la miserable pobreza de Dublín. En vez, reconoció el llamado del Espíritu, y lo aceptó con un amor agradecido y con un deseo de ponerse al servicio de los/as demás.

Carisma 2Carisma 2Nosotras las Hermanas de la Misericordia nos esforzamos por ser testigos de la misericordia, cuando reverenciamos la dignidad de cada persona, creamos un Espíritu de hospitalidad, y buscamos integrar la palabra y la acción en nuestras vidas. Reconociendo nuestra debilidad humana, sabemos que solo con la Misericordia de Dios podemos ser misericordiosas.

Nuestra Espiritualidad

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Nosotras como hermanas de la Misericordia respondemos libremente al llamado a servir a los necesitados de nuestro tiempo, nos comprometemos a seguir a Jesucristo en su compasión por los que sufren. Buscamos aliviar la miseria, llegar hasta sus causas y apoyar a todas las personas que luchan por la dignidad plena. Somos testigos de la unión con el Cristo crucificado.

Por lo tanto las Hermanas de la Misericordia estamos:
  • Unidas en el poder de la oración para caminar ya aliviar a los pobres y sufrientes.
  • Llamadas a ser profetas.
  • Llamadas a una confianza plena en la providencia.
  • Unidas por la caridad de Dios que nos conducirá a mantenernos juntas como hermanas. * Llamadas a gozar del Espíritu por medio de la fe.
  • Enraizadas en la misericordia de Dios. (Constituciones Nº 2 y 3)

Vivimos en comunidad

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Por nuestra vida en comunidad y al compartir nuestra fe y misión, llegamos a reconocernos como Hermanas y a formar lazos de unión y de caridad. El reverenciar el don singular de cada hermana -la joven y la mayor, la sana y la enferma- nos ayuda a convivir en el amor y en el respeto mutuo.

Cuando se falta a la caridad, nos animamos a hablar la verdad en el amor y a restaurar la armonía con la oración y la paciencia. La comunidad nos fortalece para la misión cuando nos abrimos a escucharnos las unas a las otras, cuando buscamos el bien común y promovemos la confianza mutua. Un signo de nuestra Unión y Caridad es nuestra disponibilidad personal y comunitaria para Compartir nuestras vidas y recursos con los pobres y afligidos. (Constituciones, Nº 18 y 19)

Servimos a las y los empobrecidos y marginados

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Catalina McAuley se dedicó a su Misión de Misericordia respondiendo a diario las palabras del Cristo que llevaba dentro: “Cuando lo hicieron con alguno de estos, mis hermanos más pequeños, lo hicieron conmigo” (Mt.25:24)

De aquí surgía el voto único de Catalina del servicio total y de corazón a Cristo en las personas pobres. Por el voto de servicio nos comprometemos a practicar las obras de MISERICORDIA espirituales y corporales reveladas para nosotras en la vida de Jesús. Enriquecidas por su amor, sanadas por su misericordia, y enseñadas por su palabra, servimos a los que sufren pobreza, enfermedad y faltos de Educación (Constituciones N° 29)

Mujeres de Oración

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Para Catalina la oración era la primera prioridad. No recurría a ella sólo como último recurso y le gustaba recordar a sus Hermanas “que antes de emprender algo; Jesucristo siempre se preparó para ello mediante la oración y siempre lo concluyó con la Oración.

Catalina: decía, La oración es una planta cuya semilla es puesta en el corazón de cada persona, pero su crecimiento depende del cuidado que tenemos de nutrirla. Si es alimentada mediante la práctica continua brotará y producirá fruto en abundancia. (Libro de Oración pág.377, item 74)

Somos Mujeres de Fe

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Por nuestro bautismo en Cristo fuimos consagradas a Dios y desde esa primera alianza queremos profundizar e intensificar nuestro compromiso confiando en la fidelidad de Dios y su divina providencia nos disponemos como Maria a recibir la palabra de Dios y a actuar de acuerdo a ella.
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